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lunes, 7 de marzo de 2016

VIVIR ES INTELIGENTE




   En muchas ocasiones no damos importancia a aspectos de nuestra personalidad, de nuestra vida o de nuestro entorno porque las vemos como lógicas, no nos paramos a analizar ni cuestionamos aspectos de nuestro día a día como respirar o masticar antes de tragar la comida. Son cosas que damos por hechas y nos parecen tan evidentes que no nos esforzamos por entenderlas.

   Pero lo que para unos es algo de lo más normal, para otros es una cualidad extraordinaria. Si vamos al concierto de un pianista podemos ver como toca el piano de una manera excepcional y pensamos que es un fuera de serie, pero para el, lo que está haciendo es algo tan normal como respirar, confía en su habilidad e interpreta una pieza musical con todo el sentimiento y la intuición, coordina sus dedos de una manera que pensamos que es casi sobrenatural. Las cualidades humanas son infinitas, como podemos observar con el ejemplo anterior, pero las personas no valoramos nuestras cualidades o habilidades y las damos por supuestas, son parte de nosotros y punto.

   De la misma manera damos por sentada la idea que tenemos de la inteligencia y esa es la causa de que muchas personas no sean conscientes de las habilidades que tienen, las consideran normales o que son algo así como el masticar la comida o el respirar. Esto puede hacer que no vean su camino para realizarse en la vida y dejen de hacer una actividad enriquecedora por considerarla algo normal. Tenemos una idea de la inteligencia basada en las matemáticas o en la manera de usar el lenguaje, pero estos son solo dos aspectos de los múltiples que caracterizan la inteligencia.

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   Desde la antigua Grecia, la inteligencia se relacionaba con el conocimiento en la palabra y los números, los propios filósofos lo manifestaban así. El pensamiento razonado era lo único que, se pensaba, nos hacía ser lo que somos. René Descartes inmortalizó esta idea en su célebre frase “Pienso luego existo”. Esto ha llegado hasta hoy y pensamos que la auténtica inteligencia es aquella que trasciende de lo meramente sentimental o emocional. Pensamos que la inteligencia se puede contar o medirla mediante un test o una prueba de capacidad intelectual y, de esta manera, nos clasificamos en personas inteligentes o no.

   Esta idea de inteligencia está tan asumida en nuestra vida que la formación académica de nuestros jóvenes consiste en conseguir la máxima capacidad en materias basadas en la razón y la lógica. Los maestros dedican todo el curso a preparar a los alumnos para los exámenes finales, pero ninguno de estos exámenes tienen en cuenta las capacidades del niño en alguna habilidad y esto influye en el futuro académico del niño ya que se le puede considerar como que no da el mínimo académico para graduarse pero puede ser muy válido en disciplinas que no están evaluadas, aunque para la sociedad no dará el perfil de inteligente.

   Hay muchas formas de interpretar la inteligencia, pero no pueden medirse. La inteligencia puede tener muchas vertientes: musical, artística, empática, de autoconocimiento y también lingüística y matemática. Creo que la educación debería valorar todos los aspectos de la inteligencia y que todos los niños deberían tener las mismas oportunidades para desarrollar su propia inteligencia. Pienso que no todas las personas inteligentes son las que destacan en los números o en las palabras. De ser así no podríamos considerar inteligente al pianista, al bailarín, al pintor, al mecánico, al cajero del supermercado, etc.

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   Es importante considerar la diversidad de inteligencias para que cada individuo pueda desarrollar la suya y encontrar su verdadera vocación para llegar a ser lo que verdaderamente puede llegar a ser.

   Pensemos en alguien capaz de sacar partido a cualquier cosa que su mente pudiera valorar. Que llegase a entrevistarse con poetas o artistas para aprender de ellos su poder de intuición o de imaginación.
   Alguien que utilizara su violín para ayudarse a resolver cualquier problema que se le planteara en su trabajo diario.
   Alguien que entendiera que el desarrollo intelectual y la creatividad llegan a través de comprender la diversidad de la inteligencia.
   Esta persona existió y fue una de las personas más importantes en el mundo de la ciencia y la física.    Esa persona fue Albert Einstein.

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   Al eliminar nuestra idea actual de inteligencia nos damos cuenta de las distintas maneras en que esta se puede presentar ante nosotros. Hemos dado por hecho nuestra idea de la inteligencia basada en un número, en una calificación. Todas las personas tenemos distintas cualidades, nuestros intereses no son los mismos ni llegaremos a alcanzar los mismos objetivos en la vida y nadie llega a ser más inteligente que otro, simplemente tiene distinto tipo de inteligencia.

   No demos por sentado algo que no es, seamos inteligentes.

   J.M.G.G.

viernes, 4 de marzo de 2016

¡¡¡¡¡CULPABLE!!!!!



   Una de las cosas que nos diferencian del resto de seres vivos es la capacidad de identificar las emociones. Dentro del amplio abanico emocional que puede experimentar el Ser Humano existen emociones de todo tipo, unas maravillosas, otras dolorosas y también unas que son totalmente inútiles.

   Dos de las emociones más inútiles que podemos experimentar son la culpabilidad y la preocupación. Ambas están relacionadas aunque la primera tiene que ver con lo que hemos hecho en el pasado y la otra con lo que podemos hacer en el futuro.

   Son emociones que no nos aportan nada beneficioso y que lo único que consiguen es que nos sintamos inquietos y paralizados en el único momento real que tenemos, el presente. Dos emociones que son igual de inútiles para nosotros como habituales en las personas de todo el Mundo. Sentirse fatal por algo que, pensamos, no deberíamos haber hecho o apesadumbrado por alguna cosa que podría pasar más adelante, es algo muy habitual entre las personas, tan habitual que es algo que tenemos totalmente normalizado y a lo que no prestamos atención.

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   Si hablamos del sentimiento de culpa, estamos refiriéndonos a la permanencia de nuestra mente en un suceso o acto que ya ha pasado. Nuestro pensamiento sigue anclado en aquel momento y no nos damos cuenta que ya pasó y que lo único que estamos consiguiendo es llenar nuestro momento actual de remordimiento y malestar por algo que ya no existe. Estamos dejando de vivir el presente y seguimos estacionados en un momento que se fue y que no podremos cambiar.

   Las personas somos creadoras de culpabilidad, hemos aprendido a sentirnos culpables si no nos comportamos como “debemos”. Nos han enseñado que hemos de hacer lo que está establecido como correcto. Si nuestras acciones no se ajustan a las normas, tenemos la obligación moral de sentirnos mal, no podemos dejar pasar esa acción sin sentir vergüenza, no es políticamente correcto y pareceremos unos seres desalmados y sin sentimientos. Si no demostramos que estamos afectados, estamos mostrándonos al mundo como alguien a quien no le importa el resto de personas.

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   La pregunta es ¿Podemos cambiar la historia sintiéndonos culpables? Una persona que ha robado un banco deberá pagar por su delito, podrá estar profundamente arrepentido de lo que hizo pero vivir constantemente reviviendo aquello, sentirse culpable eternamente, no va a conseguir reparar el daño, por lo tanto lo más coherente sería aceptar el error, pagar las consecuencias de lo que hizo y vivir su presente en paz consigo mismo.

   Desde niños nos han inculcado el sentimiento de culpa. Los mayores nos decían una y otra vez que no nos iban a querer si hacíamos algo mal o que deberíamos sentirnos avergonzados por portarnos de alguna manera inadecuada. Esta culpabilidad aprendida la hemos arrastrado hasta la edad adulta, por lo que hemos transformado esa actitud en una norma ante un acto que no es adecuado. Incluso nos podemos sentir culpables ante el incumplimiento de normas u obligaciones impuestas por nosotros mismos. Un día no salimos a correr y nos detestamos por no haberlo hecho, nos auto imponemos el sentimiento de culpa, lo tenemos normalizado y no nos aporta más que un estado de ánimo que nos impide vivir el presente plenamente.

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   La culpa es una emoción inútil, no así el arrepentimiento. Aprender de los errores es una buena idea para de sacar provecho de ellos pero la culpabilidad solo consigue que dejemos de vivir la realidad actual reviviendo, una y otra vez, un pasado que ya no podremos cambiar por muy mal que nos sintamos.

   Arrepiéntete, aprende y pide perdón, la culpabilidad no te va a ayudar.

   J.M.G.G.

jueves, 3 de marzo de 2016

EL MOTIVO ERES TÚ



   ¿Todo sucede por algún motivo? Pasamos por cantidad de situaciones en la vida, unas buenas y otras no tanto pero: ¿que motiva que lo que vivimos sea bueno o malo? ¿Es la casualidad?

   Todos conocemos personas que se caracterizan por su positivismo y da la sensación de que sus vidas están llenas de alegría. Nos da la impresión de que todo les sale bien, que no tienen problemas y que siempre salen airosos de estos pero, en general, todos tenemos malos momentos, la diferencia está en la manera que tenemos de afrontarlos.

   Cuando una persona sabe donde quiere ir y fija su meta con disposición de aprender y flexibilidad para cambiar, tendrá muchas posibilidades de conseguir su objetivo. La clave radica en la capacidad de amoldarse a las circunstancias y de ser capaces de desechar las creencias o convicciones que les impiden adoptar otras que les puedan conducir a donde quieren llegar.

   No podemos saber si lo que creemos es cierto, por eso son creencias, pero las personas tenemos la capacidad de razonar y podemos analizar si lo que creemos nos es de utilidad para conseguir nuestros objetivos, si son enriquecedoras en nuestra vida o no. Cuando se nos presenta un problema nuestro sistema de creencias se ve alterado y eso nos descentra, nos bloqueamos, no puede ser que las cosas sean así y buscamos la solución para que vuelvan a la senda de lo que creemos, pero lo que creemos no tiene porque ser cierto, podemos estar equivocados y ahí es donde debe actuar nuestra capacidad de cambio, de amoldarnos a la realidad.

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   Cuando aparece un problema tendemos a fijarnos en el lado negativo y nos enfocamos en encontrar la solución, pero algunos son capaces de afrontarlo buscando algo positivo. Para ello lo principal es ser consciente de que hay una alternativa a la negatividad, tenemos que ser capaces de superar las limitaciones dejando de creer que las tenemos. la creencia en los límites nos hace personas limitadas. Ante una dificultad podemos creer que no estamos capacitados para superarla o, por el contrario, podemos cambiar esa creencia por la de que tenemos posibilidades para superar el problema. Desde esta creencia en nuestras capacidades tendremos más probabilidad de conseguir la solución, una visión positiva nos puede hacer ver la manera de actuar en lugar de cerrarnos la puerta a una salida airosa.

   Por lo tanto, volviendo a la pregunta inicial, pienso que nuestra actitud ante las vicisitudes de la vida son las que marcan, en cierto modo, lo que nos sucede. En una situación difícil tenemos dos posibles maneras de actuar: conformándonos achacando nuestros problemas a la mala fortuna, convencidos de que somos incapaces de luchar contra el destino o, por el contrario, creyendo en nuestra capacidad para buscar un camino alternativo que nos lleve a donde deseamos llegar.

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   Las cosas pasan por algún motivo, esto es verdad, pero el motivo somos nosotros y nuestra capacidad para no auto-limitarnos, para lograr que las cosas pasen o que los problemas se solucionen.

   Lo que llamamos casualidad en realidad es causalidad provinente de la creencia en nuestras capacidades para cambiar el curso de nuestro destino. Por lo tanto: ¿Todo sucede por algún motivo? La respuesta es sí y el motivo nosotros mismos.

J.M.G.G.

martes, 1 de marzo de 2016

UN TESORO INAGOTABLE.



   Quiero compartir un relato que habla de la importancia de vivir cada instante de nuestro día. El valor que tiene aprovechar el momento en el que estamos viviendo ya que, el tiempo, es un bien que no podemos acumular para disfrutarlo mañana. Este preciso instante en el que estás leyendo esto es el más valioso de tu vida y es el predecesor de otro con más valor aún. No dejes de valorar cada segundo, minuto y hora, este instante en el que estás ahora es el único valioso para ti. Los momentos pasados han perdido su valor y los que vienen no podremos disfrutarlos hasta que sean presente. Solo nos queda ahora y es un tesoro de incalculable valor que la vida nos regala cada día al despertar.

   Disfrutar esta historia y piensa.

 EL VALOR DEL TIEMPO

Imagínate que existe un banco que cada mañana ingresa en tu cuenta la cantidad de 86,400 y cada noche retira todo el saldo que no has usado durante el día.

¿Qué harías? ¡Retirar hasta el último céntimo, claro!

Cada uno de nosotros tiene ese banco. Su nombre es tiempo. Cada mañana, este banco te acredita 86,400 segundos. Cada noche, este banco, borra y da como perdida cualquier de ese crédito que no has invertido en un buen propósito. Este banco no arrastra saldos, ni permite sobregiros. Cada día te abre una nueva cuenta. Cada noche elimina los saldos del día. Si no usas tus depósitos del día, la pérdida es tuya. No se puede dar marcha atrás. No existen los giros a cuanta del depósito de mañana.
Debes vivir en el presente con los depósitos de hoy. Invierte de tal manera, que puedas conseguir lo mejor en salud, felicidad y éxito. El reloj sigue su marcha. Consigue lo máximo en el día.

Para darse cuanta del valor de un año:
Pregúntale a un estudiante que ha tenido que recuperar un examen final.

Para darse cuenta del valor de un mes:
Pregúntale a una madre que ha dado a luz a un bebe.

Para darse cuenta del valor de una semana:
Pregúntale al editor de una revista semanal.

Para darse cuenta del valor de un día:
Pregúntale a un niño que espera que mañana llegue Papa Noel.

Para darse cuenta del valor de una hora:
Pregúntales a los amantes que esperan para verse.

Para darse cuenta del valor de un minuto:
Pregúntale a una persona que a perdido el tren o el avión.

Para darse cuenta del valor de un segundo:
Pregúntale a una persona que ha sobrevivido a un accidente.

Para darse cuenta del valor de una centésima de segundo:
Pregúntale a la persona que ha ganado una medalla de plata en las olimpiadas.

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El tiempo es tan valioso como volátil, tenemos la inmensa suerte de tener cada mañana nuestra cuenta repleta y en nuestra mano está poder sacarle todo el jugo a cada moneda de este gran tesoro.

   J.M.G.G.

jueves, 25 de febrero de 2016

ILIMITADOS



   Por norma general, cuando actuamos de una determinada manera, lo hacemos con una intención positiva hacia nosotros o, al menos, tenemos ese propósito. Cuando dejamos de intentar algo, nuestra intención no es hacernos mal, pero no nos damos cuenta de que, en realidad, se trata de un comportamiento dañino y limitante.

   Muchas de nuestras limitaciones son fruto de la mente y llevan con nosotros mucho tiempo. Durante la vida hemos nos hemos formado la idea de que no estamos cualificados para realizar determinadas actividades y nos auto justificamos para no sentirnos mal con nosotros mismos al no intentar realizarlas. “No lo hago porque yo para eso no sirvo” y así nos sentimos bien ante nuestra falta de determinación hacia algo que, por alguna razón, sentimos que no haremos bien. En definitiva estamos justificando nuestro miedo o nuestra inseguridad.

   A veces pasa que realizamos una actividad y nos damos cuenta de que nos gusta y disfrutamos haciéndola, nos sentimos realizados y pensamos que hemos nacido para eso. Esto es fantástico pero, este pensamiento puede ser perjudicial y lo usamos como excusa inconsciente para dejar de realizar otras cosas. Pensamos que tenemos ese talento y nos conformamos. Por alguna razón creemos que solo servimos para hacer lo que se nos da bien y buscamos excusas para no probar otro tipo de actividades. Nos decimos que no tenemos talento, que es algo para otro tipo de personas o que nuestra fisionomía no es la adecuada, pero ni nos planteamos intentarlo y si lo hacemos es con una predisposición negativa. Saber que hay algo que sabemos hacer o que se nos da bien, nos proporciona tranquilidad y nos conformamos con esa cualidad sin tener en cuenta que las personas somos capaces de tener habilidad o talento en muchas facetas.

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   Nos estamos poniendo límites achacando problemas de diversos tipos, pero el verdadero problema está en nuestra mente. Nos limitamos inconscientemente, es algo instintivo que lleva a cabo nuestra cabeza para que no se vea nuestra imagen ante los demás.

   Una mala experiencia en el pasado también es motivo para limitar nuestras supuestas capacidades. Si en el colegio se rieron de nosotros por ser lentos corriendo, a lo largo de nuestra vida creceremos con la creencia de que no estamos capacitados para correr y hoy en día nos diremos a nosotros mismos que no corremos porque eso no es para nosotros. Encontraremos a otras personas con esa misma limitación y eso nos aliviará. Como dice el refrán “ Mal de muchos, consuelo de tontos”.
Hemos aceptado que no somos capaces de realizar una actividad a pesar de que han pasado muchos años desde que probamos hacerla. Ahora no somos los mismos, ha pasado el tiempo y nuestras capacidades han podido cambiar.

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   Las falsas creencias hacia nuestras aptitudes nos pueden detener para lograr objetivos que, verdaderamente, están a nuestro alcance. Son limitaciones que, en su día, fueron reales y nos hicieron fracasar en un momento dado, pero ¿lo siguen siendo? No lo podemos saber si no rebasamos nuestros límites mentales y tratamos de ser personas que creen en si mismas.

   Somos seres de capacidades infinitas y el infinito no tiene límites, no los pongamos nosotros.

   J.M.G.G.